Feliz cumpleaños Capa

Capa. Foto: Luis Soto

Capa. Foto: Luis Soto

 

Veo el universo a través de sus ojos. Cuando está más de 15 segundos quieto, me da tiempo a adentrarme en él y caminar junto a Luis por el universo que nos ofrece. Capa, el perro más bello del mundo, es parte de nuestra familia. No fuimos conscientes del todo de lo que ello implicaba, ni para bien ni para menos bien.

Capa es loco, es travieso, es inquieto, es mimoso, es destructor, besucón y callejero. Es único. Ha logrado sacar nuestra peor parte, aquella de la que, al menos, yo renegaba, y que muestra el lado oscuro agresivo, descontrolado e irracional del ser humano. No estoy orgullosa de ello. Sólo lo reconozco. Le he llegado a pegar con el periódico, con un calcetín y con toda la prenda que prende entre sus insaciables dientes. Nos ha destrozado seis almohadas, dos edredones, cuatro platos, dos toallas, un juego de sofás, una mesa y dos bancos, por mencionar sólo algunos desastres, y apenas encontramos ropa interior que no tenga su marca. Seguimos confiando en él mientras aprendemos sobre la marcha a educarle. A veces es frustrante, pero nos pueden las ganas de seguir adelante y no rendirnos.

Ya no salimos fuera de la ciudad los fines de semana, y lo peor es que ni nos lo planteamos. Atrincheramos las habitaciones cuando le dejamos solo y cuando regresamos, al giro de la llave le acompaña la incógnita de qué encontraremos y cómo estará. Lo segundo es fácil confirmarlo, porque su sombra se dibuja y sus coletazos anuncian que está ahí, contento de saber que regresamos.

Salta, salta, salta como loco, pierde el control de su cola y le tiemblan las piernas. Deja caer hacia atrás sus orejas de seda, como si estuvieran cosidas. Nos ponemos serios, no le acariciamos, nos mordemos las ganas de abrazarlo y esperamos a que se tranquilice. Hasta que no duerme no lo logramos.

Es experto en aprovecharse de nuestras debilidades. Nos rompe el alma castigarle y negarle el contacto visual. Ante la palabra “vamos”, en cualquier contexto, Capa se alista como si fuera un escolar a punto de salir al recreo. Agarrar una bolsa de plástico para él siempre es sinónimo de que toca paseo. Abrir la puerta sin que él esté delante implica un pseudo suicidio, porque se lanza desorbitado por las gradas de tres niveles sin medir consecuencias.

En la calle, intuimos que se cree el rey de la calle, y a veces me planteo si quiera presentarse a alcalde canino: se desvive por saludar a todos y cada uno de los perros que avista a un kilómetro a la redonda. Gracias a él conocemos a más gente del barrio, sobre todo a quienes viven y trabajan en la calle. Le han visto crecer y cada día nos repiten “qué grande está”. No saben cómo nos llamamos ni Luis ni yo, pero su saludo está implícito al anunciarle “Ahí está Capa”.

Cada día nos comunicamos mejor; cada día le queremos más; cada día me cuestiono menos nuestra decisión. Suelo decir que si me dieran a elegir de nuevo, no tendría perro. Pero él es Capa. Y Capa nos hace la vida más feliz; nos pone a prueba y la superamos; nos da mucho amor, nos despierta amor y nos amamos más.

Feliz primer cumpleaños Capa.

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Una respuesta a Feliz cumpleaños Capa

  1. ana dijo:

    bonitooooo!

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